miércoles, 5 de julio de 2017

Ponderación de Oxitocina

En muchas películas y en la vida real, he escuchado la frase comúnmente más llamativa sobre el poder y el secreto que tiene el amor a la hora de adentrarnos en el vocabulario, desarrollo y satisfactoria experiencia sexual.
La vida en plena juventud nos puede estimular en enormes cantidades frente a enseñanzas y pasiones de lo que significa el sexo, pero cuando se trata de monogamia, el significado es incandescentemente subjetivo e inexplicable.
Un previo juego y contacto sexual, que se sientey percibe como a un piano de Chopin, como al gemido alto de un cantante de soul, a la pausa rasguñadora en cada segundo de un rocksteady, al sonido de un dub reggae, al suspenso del bajo en una canción de postpunk. En síntesis, un rompecabezas profundo. 

Me encanta jugar con fuego, lo sé, tengo la osadía de ser descarada en muchos aspectos sin importar las consecuencias futuras en mi propia vida. Y hablo un poco de mi por la mentira de monogamia que solía pensar que conservaba en mi relación de casi dos años, alterada con mentiras, discusiones y traiciones. Aun teniendo esas inmensas virtudes en medio de una relación, hay un tacto sexual adictivo que no puedo dejar y eso ocurre con más frenesí y deseo justo después de cierta lejanía, cuando no puedo evitar sentir entre mis manos su sexo que pareciera querer atraparme con su magnetismo a cada intempestivo. Provoco. Me encanta el plan. Se voltea, se abalanza sobre mi hasta desvestirme y devorarme apenas con su boca y sumergirme en su saliva, luego, sus manos peregrinan todo mi cuerpo hasta no aguantar más sus ganas de penetrarme.
Qué ceremonia.
La pericia se me ha desbordado al momento de sentir sus manos tan abiertas agarrándome la espalda y empujando su sexo hacia mi lentamente y creciendo su velocidad, algo se ha roto desmesuradamente en mi placer, tanto, que he empezado a sentirme dueña del exacto universo, esa sensación de sentir que tienes un revoltijo de fruiciones a tus pies; emperatriz, magnificencia, deidad, musa, majestad, numen, estro. Y he empezado a llorar. Portentosamente, extraordinariamente precioso. He llorado previamente, durante y en el justo momento de acabar un orgasmo. Nunca fue la primera ni última vez que la oxitocina se convierte en una droga llena de sortilegio.